LA CLARIDAD DEL AMOR.
Se dice que el amor es ciego. Pero ¿lo es deveras? de hecho, nada hay en el mundo tan clarividente como el amor. Lo que ciego no es amor, sino el apego: ese estado de obcecacion que proviene de la falsa creencia de que algo o alguien te es del todo necesario para ser feliz. ¿Tienes algún apego de esa clase? ¿hay cosas o persones sin las que, equivocadamente, creas que no puedes ser feliz? Haz una lista de ellas ahora mismo, antes de que pasemos a ver de que manera exactamente te ciegan.
Imagina a un político que esta convencido de que no puede ser feliz si no alcanza el poder: la búsqueda del poder va a endurecer su sensibilidad para el resto de su vida. Apenas tiene tiempo para dedicarlo a su familia ya sus amigos. De pronto, ve a todos los seres humanos-y reacciona ante ellos- en función de la ayuda o amenaza que pueda suponer para su ambición. Y los que no suponen ninguna de las dos cosas ni siquiera existen para el. Si, además de esta ansia de poder, esta apegado a otras cosas, como el sexo o el dinero, el pobre hombre sera tan selectivo en sus percepciones que casi puede afirmarse que esta ciego. Esto es algo que ve todo el mundo, excepto el mismo. Y es también lo que conduce al rechazo del mesías, al rechazo de la verdad, la belleza y la bondad, porque uno se ha hecho ciego para percibirlas.
Imaginate ahora a ti mismo escuchando una orquesta cuyos timbales suenen tan fuerte que hacen que no se oiga nada mas. Naturalmente para disfrutar de una sinfonía tienes que poder oír cada uno de los instrumentos. Del mismo modo, para vivir en ese estado que llamamos "amor" tienes que ser sensible a la belleza y al carácter único de cada una de las cosas y personas que te rodean. Dificilmente podrás decir que amas aquello que ni siquiera ves; y si únicamente ves a unos cuantos seres, pero excluyes a otros, eso no es amor ni nada que se le parezca, porque el amor no excluye absolutamente a nadie, sino que abraza la vida entera: el amor escucha la sinfonía como un todo, y no únicamente tal o cual instrumento.
Detente ahora por unos instantes y observa como tus apegos-al igual que el apego del político al poder, o el hombre de negocios al dinero- te impiden apreciar debidamente la sinfonía de la vida. O tal vez prefieras verlo de esta otra manera: existe una enorme cantidad de información que, procedente del mundo que te rodea, afluye hacia a ti atraves de los sentidos, los tejidos y los diversos órganos de tu cuerpo; pero tan solo una pequeña parte de esta información consigue llegar a tu mente consciente. Es algo parecido a lo que ocurre con la inmensa cantidad de "feed-back" que se envía al presidente de una nación: solo una mínima parte de la misma llega hasta el, porque alguien de su entorno se encarga de filtrar y tamizar dicha información. ¿Quien decide pues, lo que finalmente de todo el material que te llega del mundo circundante, se abre camino hasta tu mente consciente? Hay tres "filtros" que actúan de manera determinante: tus apegos, tus creencia y tus miedos.
En primer lugar, tus apegos: inevitablemente, siempre prestaras atención a lo que favorece o pone en peligro dichos apegos, y fingirás no ver lo demás. Lo demás no te interesara mas de cuanto pueda interesarle al avaro hombre de negocios cualquier cosa que no suponga hacer dinero.
En segundo lugar, tus creencias: piensa por un momento en el individuo fanático que tan solo se fija en aquello que confirma lo que el cree y apenas percibe cuanto pueda ponerlo en entredicho, y comprenderas lo que tus creencia suponen para ti.
Finalmente tus miedos: si supieras que ibas a ser ejecutado dentro de una semana, tu mente se centraría exclusivamente en ello y no podrías pensar en otra cosa. Esto es lo que hacen los miedos: fijar tu atención en determinadas cosas, excluyendo a todas las demás. Piensas equivocadamente que tus miedos te protegen, que tus creencia te han hecho ser lo que eres y que tus apegos hacen de tu vida algo apasionante y firme. Y no ves, sin embargo que todo ello constituye una especie de pantalla o filtro entre ti y la sinfonía de la vida.
Naturalmente, es del todo imposible ser plenamente consciente de todas y cada una de las notas de dicha sinfonía. Pero, si logras mantener tu espíritu libre de obstáculo y tus sentidos abiertos, comenzaras a percibir las cosas tal como realmente son y establecer una interacción mutua con la realidad, y quedaras cautivado por la armonía del universo. Entonces comprenderas lo que es Dios, porque al fin habrás entendido lo que es el amor.
Miralo de este modo: tu ves a las personas y las cosas, no tal como ellas son, sino tal como eres tu. Si quieres verlas tal y como ellas son, debes prestar atención a tus apegos y a los miedos que tales apegos engendran. Porque, cuando encaras la vida, son esos apegos y esos miedos los que deciden que es lo que tienes que ver y lo que tienes que ignorar. Y sea cual sea lo que veas, ello va a absorber tu atención. Ahora bien, como tu mirar es selectivo, tienes una visión engañosa de las cosas y las personas que te rodean. Y cuanto mas se prolongue esa visión deformada, tanto mas te convencerás de que esa es la verdadera imagen del mundo, porque tus apegos y tus miedos no dejan de procesar nuevos datos que refuercen dicha imagen. Esto es lo que da origen a tus creencias, los cuales , no son sino formas fijas e inmutables de mirar una realidad que, de por si, no es fija ni inmutable, sino móvil y en constante cambio. Así pues, el mundo con que te relacionas y al que amas no es ya el mundo real, sino un mundo creado por tu propia mente. Solo cuando consigas renunciar a tus creencias, a tus miedos y a los apegos que los originan, te veras libre de esa insensibilidad que te hace ser tan sordo y tan ciego para contigo mismo y para con el mundo.
Meditacion de Anthony De Mello.